Ave César

Hace un rato terminé de leer una divertida novela, creo que costumbrista: “Breve historia de la literatura argentina” de Martín Prieto. Lo de “divertida” va sin ironía. Realmente pasé momentos muy gratos con esa saga de familia mal avenida que es la historia de la literatura criolla. Abuelos, tíos, hermanos, primos, padrinos y entenados enfrentados en un todos contra todos, digno de un sainete de Vacarezza.

La leí casi de un tirón, lo que no es poco, ya que el cuerpo principal tiene unas cuatrocientos cincuentas páginas, más notas y otros apéndices. Pero la disfruté. Y también me enteré de unas cuantas cosas que, dada mi poca afición al estudio sistemático, desconocía absolutamente.
Otro momento que me emocionó casi hasta las lágrimas es la elegante defenestración de Ernesto Sábato que sucede en la página 355. A Sábato siempre lo tuve acá.

Claro que no todas son rosas: a medida que transcurrían las páginas, un sordo malestar se iba apoderando de mi almita inocente. Es que no podía menos que percatarme de que el nombre de un tal César Aira comenzaba a repetirse en una forma un tanto alarmante para mí. Para decirlo de una vez: jamás leí nada de César Aira. Si el tipo es tan importante para las letras argentinas, eso quiere decir que mi ignorancia me coloca por debajo de la categoría de un nabo letrado.

Ya carcomido por la duda, y a falta de herramientas críticas más adecuadas para resolver el enigma que me obsesionaba, me aboqué a la realización de una tabla estadística a partir del índice onomástico que comienza en la página 529 (ver recuadro), en donde figura la cantidad de páginas en las que un autor es nombrado.





El ranking es encabezado, sin sorpresas, por Jorge Luis Borges, que lidera la “pole position” con 73 menciones. Segundo, y con la mitad de entradas, se acomoda el Padre del Aula, seguido de cerca por Lugones y Arlt. El resto del pelotón viene bastante atrás. Pero hete aquí que en decimoquinto lugar se ubica el misterioso César, flanqueado dignamente por Ezequiel Martínez Estrada y Roberto J. Payró.
No está nada mal: decimoquinto en una nómina de más de cuatrocientos autores.
Pero eso no es todo. En la columna de la extrema derecha, anoté el número de página en la que ese autor es nombrado por primera vez. Y, con cierta aprensión, comprobé que nuestro César comparte la página veinte con Borges, Hernández y Mansilla, siendo sólo superado por Juan José Saer, que figura en la quince.

Vayamos a la página veinte: Prieto está comentando “Siripo”, de Manuel José de Lavardén y termina diciendo que esta obra “…estará en la base de algunos de los grandes relatos y poemas de la literatura argentina firmados por, entre otros, Rosa Guerra, Eduarda Mansilla, Esteban Echeverría, Lucio V. Mansilla, Jorge Luis Borges y César Aira.” Fin de la cita.

Ajá. Conque ésas tenemos. Como decía Borges: en una buena enumeración los términos se contaminan unos a otros. Y acá lo tenemos al César contaminándose bastante de gloria borgeana.
Pero está bien: al tipo le gusta César Aira y hace todo lo que puede para entronizarlo en el olimpo literario argentino. Es entendible. Todos hacemos cosas así. Quién es uno para andar criticando. Además, ya que estamos en tren de confesiones, tampoco leí “Siripo”.

Y, esto hay que decirlo, cabe la posibilidad de que este Aira realmente sea bueno, buenísimo o hasta muy requetebuenísimo, como dice Laiseca (que es, siempre según Prieto, uno de sus descendientes “no epigonales”), y se merezca el trono de Borges.

Veamos el argumento de una de sus novelas, “Dante y Reina” trascripto en la pagina 445 “como un ejemplo de muchas de sus preocupaciones” (las de Aira): “Reina es una niña mosca que cruza el basural para comprarle vino a su padre alcohólico. En el camino Dante, un perro cojo, decide violarla, y el mismo Dante decide salvarla del violador (qué es él). Reina se enamora de Dante (del salvador, no del otro)”. Fin de la cita. La cosa sigue así: Reina se casa con Dante. Dante intenta asesinarla. Reina cae en la cuenta que salvador y violador son la misma persona (o perro). Gran crisis gran. Dante confiesa que su verdadero sueño es ser escultor. Que para eso necesitaba hacer una buena acción. Y decide fabricarse, como artista que es, la situación propicia. A la flauta.

¡Georgie volvé, te perdonamos!

Ya más reconfortado después de mi precaria investigación, seguí leyendo bastante alegremente. Pero, como decía Vinicius, tristeza não tem fin: en la página 447, ya sobre el final del libro, Prieto vuelve a nombrar a César, cuándo no, pero esta vez en relación a un libro que sí leí. Me refiero a “El desierto y su semilla” de Jorge Barón Biza. Prieto enumera una serie de obras, entre ellas las de Barón Biza y termina diciendo que esos libros “…son algunas de las grandes novelas de los noventa que pudieron empezar a ser leídas gracias a la apertura que promovió la obra de Aira, aunque no guarden con ésta ninguna relación.”

..."Aunque no guarden con ésta ninguna relación": Ajá.


Es cierto que “El desierto y su semilla”es una gran novela. Yo diría más: es una de las mejores novelas que he leído. Una historia terrible, real, narrada con belleza, humor y elegancia por uno de sus desgraciados protagonistas. Me la prestó Liliana Campazzo en Viedma. La leí en dos días. Y después estuve meses sin poder a volver a leer nada más, tanto es lo que me había impresionado la historia de este cordobés que se suicidó en 2001. Y no sólo la historia, sino también su impecable, alucinante forma narrativa.

Pero, un momento: como dije al principio de esta nota, yo no leí absolutamente nada de Aira… entonces ¿cómo pude leer a Barón Biza? Se me ocurren dos respuestas excluyentes:

a) A pesar de mi incultura, soy un genio detectando obras geniales (pero sé que no soy ningún genio)
b) Lo que sostiene Martín Prieto en el párrafo citado arriba es una perfecta pavada.

Bueno, en realidad no es una pavada. Estamos en presencia de una maniobra, más o menos sutil, que busca colocar a César Aira en algún lugar aventajado del canon del siglo XXI, así como en las primeras páginas lo instala, como al pasar, en la línea de los grandes narradores del siglo XIX y XX.

Como dije antes: la intención de Prieto es lícita. Lo que no lo es tanto es esa cosa compulsiva de querer hacernos creer que Aira es indispensable para leer a Barón Biza, y a unos cuantos más.
Este y otros subterfugios de los críticos terminan por meterse, así decía el poeta Roberto Juarroz, como una cuña entre una obra y sus futuros lectores comunes, quienes pueden quedar muy desalentados si se convencen de que para leer un libro, primero hay que tragarse los más de ¿cuarenta? ¿setenta? volúmenes escritos por Aira.

Yo no los necesité. Como argumento intelectual tal vez resulte pobre, pero como testimonio de un lector, no.

Hay que animarse a leer sin intermediarios, porque leer es una aventura creadora intransferible. Y los críticos, cuando se meten a mediadores, pueden llegar a convertirse en una verdadera peste anti- lectura.

Un comentario final, ya que estamos: en los más de cuatrocientos escritores nombrados en el libro, pude detectar solamente tres nombres genuinamente patagónicos: Graciela Cros, Macky Corbalán y Niní Bernardello.

Como resulta evidente, los tres pertenecen a sendas damas. Muchachos, a ponerse las pilas, que nos estamos por caer de la historia. Al menos de ésta, que es tan breve.

Publicado en el suplemento "Tela de rayón" del diario Jornada de Trelew

8 comentarios:

Cuper dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Cuper dijo...

el libro de Prieto es muy bueno.

César Aira no es de mis favoritos pero he leído algunas de las muchas novelas que publicó. Aira tiene lo suyo, además está de "moda".

todos tenemos un autor que queremos que esté encabezando las listas de los rankins porque a nosotros nos parece alucinante.

leer con intermediarios es una forma buena de leer, una manera de formarse. sin, también. leer es lo importante.

en todo caso, sugiero leer a todos.

saludos

walter dijo...

¿y Abelardo Castillo?

Bruno Di Benedetto dijo...

Walter: en ese "ranking" solamente tuve en cuenta los 20 primeros puestos. Seguramente Castillo figura en el libro, entre los otros 370 autores nombrados.

Bruno Di Benedetto dijo...

Cúper: no tengo nada contra Aira,y eso queda claro en la misma nota. Simplemente opino que este libro es una operación mediática muy poco seria.

Ya titular "Hstoria de la Literatura ARGENTINA" a un libro que deja afuera a las tres cuartas partes del país es muy poco serio.

Fijate lo que pasa con Patagonia: las únicas nombradas son Graciela Cros, Macky Corbalán y Niní Bernardello, tres nombres que sin duda merecen estar ahí. Pero ¿y qué pasa con Irma Cuña? ¿Y Diego Angelino? ¿Y Borsella? Y sigue la lista. (Lista en la que no me incluyo , porque aunque sea mucho más viejo que vos, empecé a publicar a nivel nacional hace relativamente poco. Así que por ese lado no viene la crítica)

Y si bien es cierto que todos tenemos, como lectores, autores favoritos y otros para nada, como historiador la cosa cambia.

Hay una ética que tiene que estar, hasta donde sea posible para nuestras limitaciones humanas, por encima de las preferencias personales.

abrazo y felicitaciones por la antología, que es un muy bien trabajo literario, y además absolutamente ético.

Cuper dijo...

si,leí bien la nota.entendí que no se arremete contra Aira.

Esta clase de trabajos académicos hay a montones.Hay de todo: inclusionistas, exclusionistas, etc.
Prieto hace un recorte zonal, si se quiere, es verdad, hecha luz sólo por donde quiere y le interesa, pero creo que, como todo historiador de la literatura está posicionándose. ahora el tema de la ética es algo muy delicado.

en fin, habría que leer la historia de Prieto y leer las otras historias de la literatura argentina para sacar cada uno sus propias conclusiones al respecto. este tema me suena más a un problema de perspectiva pero el tema da para largo.

y ni Aira ni Prieto se lo merecen (chiste)


un abrazo
gracias por las felicitaciones.

Ana Danich dijo...

La verdad que nombrar más a Aira que a Juanele, es imperdonable...

Bruno Di Benedetto dijo...

Ana: Ése es otro recorte muy discutible que podríamos resumir, futbolísiticamente hablando, así:

Partido de la literatura argentina:

Narradores 10 - Poetas 1.

O sea: la poesía (que no es un bien cotizable en el mercado y por lo tanto tampoco muy útil a los fines que persigue Prieto)) pierde por goleada. Muy injustamente.