Último Invierno


Entonces llega con ellos a una finca llamada Getsemaní y dice a los discípulos: “sentaos aquí que yo voy allá para orar”. Y tomando a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a sentir tristeza y angustia. Entonces les dice: “Siento tristezas de muerte. Sentaos aquí y velad conmigo”
Mateo, 26, 36 -38













I


En este lado del mundo está el día: hoy lo vi brillar
entre las plumas blancas del ala de una calandria.

(Sé que el día está dentro de mí. Sé que el mundo
es parte de mi cuerpo.
Pero si hasta aquí he vivido como hombre
reclamo también la mirada del hombre y su dulce equivocación)

El día está atravesado de pájaros y de la imperceptible ambición de su canto:
vocecitas que tejen el día de rama en rama
aún en este invierno en que ya no queda ni el recuerdo de las hojas muertas.
Voces verdes las de los pájaros en invierno,
como hojas cayendo en liviana suspensión.

(Fracaso feliz de la hoja que cae,
sin maldecir el otoño, sin blasfemias ni ruegos
ni otra alabanza que su delicada agonía vertical).

Voces verdes las de los pájaros del invierno,
voces abiertas como los tallos desnudos del álamo
entre las manos del viento.

(De eso hacen el día los pájaros:
trinos, árboles desnudos, nervios de luz.
Padre: sea mi muerte, sea mi agonía
pero sea para multiplicar este día de pájaros
en los largos años por venir)

Pájaros, felices pájaros que tejen el ramaje del tiempo
para cantar desde su cuerda extrema
que el tiempo pasa,
que el día pasa, que la luz se duerme,
que ya anocheció.



II

En otro lado del mundo está la noche:
lo sé porque la siento rodar por el plano inclinado de mi sangre.

(Sé que la noche no es más que un parpadeo de mis ojos.
Pero si he de morir mañana
como mueren los corderos y los hombres,
entonces reclamo por todo abrigo el dulce vientre de loba de la noche
y, como marca de mi paso por la tierra, su dentellada mediolunar)


No se escuchan pájaros en la noche. No hay pájaros.
La noche no los necesita.

(Pero mi padre sí: pájaros mudos cayendo a plomo
sobre los ratones del desconcierto
sobre las ratas de la memoria
sobre el conejo suave de la esperanza
sobre las culebras ciegas del amor).

No hay árboles en la noche: hay raíces que horadan el tiempo.
La noche es un árbol hecho de raíces aferradas a la eternidad.

Que nadie imagine a la noche pariendo frutos luctuosos.
La noche no da frutos que la recuerden,
ni en el gesto, ni en la vestimenta, ni en la extensión.

Sembrar y cosechar son cosas del día
(la noche es inmóvil)
Vivir y morir son cosas del día
(la noche es eterna)
Aún dormir, aún soñar, son cosas del día
(la noche no tiene ojos que pueda cerrar).


III.

Violada de mil maneras
por las costumbres pueriles y violentas de los hombres
la noche es todavía una virgen
que se inclina a escuchar la profecía del ángel terrible
que la unge y la condena a parir el día, la luz, los pájaros
los felices pájaros que no hilan ni tejen
salvo el tiempo de vivir,
salvo este tiempo de morir.

(A parir el día te condenan, madre, el día,
y también el árbol increíble de mi crucifixión:

Padre, padre, por qué me has desamparado.)









Este texto recibió la Corona de Plata, Eisteddfod del Chubut, 2003
http://www.eisteddfod.org.ar

No hay comentarios: