Conversaciones en la frontera























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La fotografía fue tomada de este árticulo. Muy intersante.


Hoy me vi en la necesidad de modificar esta entrada del blog, a raíz de un comentario de Hugo García Saritzu, que paso a copiar aquí debajo.
Hugo es argentino, exiliado en España, poeta riguroso y narrador (lleva escritas novelas y cuentos que, como dice él, "han pegado en el poste" de importantes premios).

Pero Hugo, además, es un lector crítico capaz de sacarle chispas a una esponja marina sumergida en la Fosa de las Marianas. Uno aprende, y aprende mucho, de tipos así.
Le he visto hacer este trabajo muchas veces, gratis y desinteresadamente, solamente por amor y respeto al oficio literario, no importa quién haya escrito el texto (si el texto le interesa, claro). En muchos blogs hay, desperdigadas, perlas dejadas por Hugo porque sí, porque es lo que le sale.

Esta generosidad es muy poco frecuente. Y más aún cuando está acompañada por tanta lucidez. Y por el respeto debido a este oficio que compartimos.

Salut, Hugo! Gracias, por mí y por todos los que han tenido la fortuna de que los leas y comentes.

Dice Hugo:

Me parece un acierto conservar tanto la foto, como el texto borrosos porque provoca la aproximación "aérea" del lector. La fotografía se hace nítida y se advierten los dos mundos de las dos clases sociales. El texto se hace claro, pero la conversación continuará aún más borrosa.

Interesante la correspondencia despareja que por una cuestión de ordenación no semítica de la lectura -leemos de izquierda a derecha- hace recaer la iniciativa siempre en el hablante de la chabola.
Las expectativas de uno y otro plantean no sólo una cuestión de clase, plantean dos mundos igual de lúmpenes, con orígenes diferentes, sin duda.

Ahora bien, a pesar de que los registros son discontinuos, si se intenta leer cada uno por separado se obtiene una configuración más o menos exacta de los dos personajes que soportan las conversaciones. No podría ser de otra manera, porque la narración alterna de forma sincopada dos puntos de vista diferentes y dos interlocutores diferentes -la mujer en uno y alguien al otro lado de ¿un teléfono móvil? en el otro-

Existe, prácticamente en la mitad del texto, una de las pocas frases con continuidad sintáctica: "mirá, un aujero en el alam brado eléctrico voy a poner". Toda frontera que se precie ha de tener su muro o su alambrada eléctrica.

El final plantea la droga como ámbito común ("paco" y colombiana") y dos salidas:uno "el choreo" -¿quizá a través del "aujero" del alambrado?-, el otro la eterna frase de la pequeña burguesía argentina: "yo, argentino", pero que es también asumible por el personaje de la chabola.

Bruno, es encomiable un planteo narrativo desde este grado de dificultad y riesgo -recuerdo que algo similar hace Julito en Rayuela con un fragmento de una novela de Galdós-. Y más encomiable aún es salir con el texto ileso de semejante entrevero...ahora le toca al lector hacer el resto.

Un placer leerte.

Hugo.






























5 comentarios:

Tainch dijo...

Muy bueno viejo!

hugo dijo...

Hola Bruno:

Me parece un acierto conservar tanto la foto, como el texto borrosos porque provoca la aproximación "aérea" del lector. La fotografía se hace nítida y se advierten los dos mundos de las dos clases sociales. El texto se hace claro, pero la conversación continuará aún más borrosa.

Interesante la correspondencia despareja que por una cuestión de ordenación no semítica de la lectura -leemos de izquierda a derecha- hace recaer la iniciativa siempre en el hablante de la chabola.
Las expectativas de uno y otro plantean no sólo una cuestión de clase, plantean dos mundos igual de lúmpenes, con orígenes diferentes, sin duda.

Ahora bien, a pesar de que los registros son discontinuos, si se intenta leer cada uno por separado se obtiene una configuración más o menos exacta de los dos personajes que soportan las conversaciones. No podría ser de otra manera, porque la narración alterna de forma sincopada dos puntos de vista diferentes y dos interlocutores diferentes -la mujer en uno y alguien al otro lado de ¿un teléfono móvil? en el otro-

Existe, prácticamente en la mitad del texto, una de las pocas frases con continuidad sintáctica: "mirá, un aujero en el alam brado eléctrico voy a poner". Toda frontera que se precie ha de tener su muro o su alambrada elctrica.

El final plantea la droga como ámbito común ("paco" y colombiana") y dos salidas:uno "el choreo" -¿quizá a través del "aujero" del alambrado?-, el otro la eterna frase de la pequeña burguesía argentina: "yo, argentino", pero que es también asumible por el personaje de la chabola.

Bruno, es encomiable un planteo narrativo desde este grado de dificultad y riesgo -recuerdo que algo similar hace Julito en Rayuela con un fragmento de una novela de Galdós-. Y más encomiable aún es salir con el texto ileso de semejante entrevero...ahora le toca al lector hacer el resto.

Un placer leerte.

Te agradezco el comentario que me dejaste en el blog -siguen los tiros al palo voy a tener que hablar con Xavi o Iniesta para que me larguen un centro en condiciones, después..., después se supone que sabré responder "como un gitano legítimo" (Lorca dixit)-.

unabrazo,
salut,
hugo

Silvia Castro dijo...

Habiendo crecido con Hugo hasta su exilio en España en el '77, compartiendo como sobrina la misma dictadura y el mismo ámbito familiar, no puedo dejar de pensar en todas las fronteras y relaciones que convocan estas Conversaciones.

Hay todo un mar entre estos dos hombres, pero nacieron casi el mismo día del mismo año. No hay océano que separe la afinidad de miradas que produce la pertenencia a una misma generación, marcada en su caso por una ideología (a la que ambos adhieren) cuyo principal objetivo fue derribar las fronteras entre las clases sociales.

Conocí a Bruno 30 años después de haber perdido a Hugo, en el 2007. Celebro el azar y las circunstancias que propician encuentros como éste, va a hacer falta mucha agua más que la del Atlántico para apagar el fuego de estas conversaciones.


(Justo hoy que las Abuelas de Plaza de Mayo recuperaron el nieto n° 101: entre "1 hijo" y "1 padre" ya no hay más un cero.)


Abrazos a ambos

Silvia

Nanim dijo...

Palabras que dicen más que lo que dicen, un texto que devela en sus silencios, que obliga a rellenar lo recortado y a involucrarse en la trama.
Paralelismos que se cruzan en encuentros críticos y suelen ser, generalmente, choques.

Bruno Di Benedetto dijo...

Gracias, Nanim, me gusta lo de "encuentros críticos".