Veinte notas contra una nota


La actual es una de esas épocas en que la actitud interpretativa es en gran parte reaccionaria, asfixiante. La efusión de interpretaciones del arte envenena hoy nuestras sensibilidades, tanto como los gases de los automóviles y de la industria pesada enrarecen la atmósfera urbana. En una cultura cuyo ya clásico dilema es la hipertrofia del intelecto a expensas de la energía y la capacidad sensorial, la interpretación es la venganza que se toma el intelecto sobre el arte. Y aún más. Es la venganza que se toma el intelecto sobre el mundo. Interpretar es empobrecer, reducir el mundo, para instaurar un mundo sombrío de significados. Es convertir el mundo en este mundo (¡"este mundo"! ¡Como si hubiera otro!). El mundo, nuestro mundo, está ya bastante reducido y empobrecido. Desechemos, pues, todos sus duplicados, hasta tanto experimentemos con más inmediatez cuanto tenemos.

Susan Sontag en “Contra la interpretación”

(Los subrayados son míos. B.D.B.



Hace unos meses, en uno de mis viajes a la meseta, compré en Trelew el periódico “El extremo sur”, dirigido por el poeta chubutense Cristian Aliaga. En su suplemento cultural Confines, editado a su vez por Cristian y el también poeta y chubutense Andrés Cursaro, encontré y leí esta nota del inglés Ben Bollig acerca de la poética de Juan Gelman.

La lectura me llevó rápidamente de la sorpresa a la indignación.

Escribí (primero garrapateadas a duras penas mientras la camioneta daba saltos en la enripiada ruta a Gan Gan y después en el aula que me servía de dormitorio en la escuela Nº 33) unas notas que deberían haberse convertido en artículo de respuesta.

Ahora lo pienso mejor. Prefiero dejarlas tal cual, apenas corregidas (con un poco de ayuda del Google en el caso de las citas), intercalándolas entre paréntesis en el texto original, a fin de hacer más ágil la lectura y con la esperanza de que mis palabras resulten menos indigestas que las de Ben Bollig.

¿Hacia una poética montonera?

El exilio melancólico de Juan Gelman

Por Ben Bollig (Reino Unido)

Gelman quiere demostrar que una falta de memoria lleva a repetir los desastres del pasado, y que aun en el exilio el poeta debe mantener una relación estrecha con sus antiguos compañeros y con lo que ha perdido. Finalmente, plantea que el proyecto a que prestó sus fuerzas en el pasado sigue vigente

Una polémica en la revista cordobesa La intemperie tocó el tema de la responsabilidad ética de los ex militantes de grupos armados de izquierda. El filósofo cordobés Oscar del Barco criticó al poeta argentino Juan Gelman, antiguo miembro del grupo armado peronista Montoneros –aunque distanciado de él a partir de fines de los 1970– por una supuesta falta de honestidad en sus comentarios a favor de los procesos contra los militares acusados de crímenes de lesa humanidad, sin asumir su responsabilidad “directa en el asesinato [...] incluso de algunos militantes montoneros” (Belzagui 2007: 33). Los comentarios de del Barco impulsaron a varios autores a salir en defensa de Gelman y a criticar el “giro ético” o “Levinasiano” de del Barco y de otros. La fuerza de estos intercambios nos obliga a preguntar: ¿qué es lo que significa “Juan Gelman” hoy en la Argentina?

En su figura pública como intelectual y poeta parecen coexistir dos versiones de la pos-dictadura argentina: por un lado, un trabajo para mantener vivo el legado de la lucha armada; por otro, un ejemplo de la exitosa reintegración de un ex militante como poeta dentro de ciertos paradigmas liberal-humanistas de memoria y coexistencia. Esta tensión entre Gelman militante y Gelman humanista se queda plasmada, por ejemplo, en un ensayo de Mario Benedetti (1995: 47), en el cual cita Benedetti el poema “Escrituras” de Gelman de la colección Relaciones pero sin un verso de suma importancia: “Perón es nuestra única esperanza” (1980a: 17). Es mi intención analizar esta tensión tomando como ejemplo un elemento temático de la poesía de Gelman: el exilio.
Como es el caso en la obra de muchos escritores exiliados, en la poesía de Gelman el exilio está experimentado como una derrota. (1) Un poema de la colección Bajo la lluvia ajena (1980) hace explícita la relación entre exilio, patria, y su proyecto político:

(1) (Pregunta: ¿qué exilio no es una derrota? Salvo que se esté pensando en ciertos “exilios dorados”, más propios de otras literaturas y de otras series históricas, todo exilio es eso: fracaso, derrota, nostalgia, dolor)

de los deberes del exilio:

no olvidar el exilio/
combatir a la lengua que combate al exilio!
no olvidar el exilio/ o sea la tierra/
o sea la patria o lechita o pañuelo
donde vibrábamos/ donde niñabamos/
no olvidar las razones del exilio/
la dictadura militar/ los errores
que cometimos por vos/ contra vos
[...] (2001: 233 [1980]))

El poema traza una relación entre cierto grupo, la primera persona en plural de los verbos del sexto verso, y la patria, cuya pérdida está implícita en el exilio. Esta relación es político-estratégica, ya que hay dos razones por las cuales el sujeto se encuentra exiliado: la dictadura, y ciertos “errores”; pero aun en la admisión de errores se subraya la buena fe de los exiliados: cometieron sus errores por la patria. (2)

2. (¿Los errores no se cometen siempre de buena fe? Aquí Bollig parece dejar trunco su razonamiento, pero no: es, apenas, una estrategia alusiva. Al poner bajo el foco de la sospecha la buena fe de Gelman (y otros militantes) deja bien a la vista la otra posibilidad: la de que los “errores” se cometieron CONTRA la patria. Es decir: no fueron errores. Sospecho aquí un eco primermundista de la “Teoría de los dos demonios”: los militares también cometieron sus errores (y excesos). Si bien los “errores” montoneros son materia altamente opinable, no lo son en absoluto los del Proceso, cuyas acciones genocidas siguieron un plan escrupulosamente trazado, y cuyos motivos iban mucho más allá del “problema montonero”)

Además, Bollig: Gelman tendría que haberse exiliado, hubiere cometido o no “errores”. En aquella época mataban por muy poco.


Muchos poemas de Gelman escritos después del golpe de estado de 1976, y su eventual alejamiento de los montoneros se dedican a su hijo, Marcelo Ariel, secuestrado y asesinado por los militares; el poemario Si dulcemente incluye un apartado que termina con esta nota dedicatoria:

el 26 de agosto de 1976
mi hijo marcelo ariel y
su mujer claudia, encinta,
fueron secuestrados en
buenos aires por un
comando militar. el hijo
de ambos nació y murió en
el campo de concentración.
[...]
hasta que no vea sus cadáveres
o a sus asesinos, nunca los
daré por muertos. (1980b: 73)

Dos elementos indican el esfuerzo poético en este texto: primero, la supresión de las letras mayúsculas; segundo, oraciones que obligan al lector a emplear cierta destreza lógica; aunque la frase “nació y murió” pudiera indicar una simple y trágica verdad (3) , refiere además al estado intermedio de los desaparecidos: ni vivo ni muerto; un niño que a la vez nace y muere debe estar a la vez muerto y vivo, una ausencia, como los “ausentes para siempre” (73), siempre presente, en particular dada la negativa del sujeto a aceptar las muertes.

(3) (A no dudarlo, Bollig: se trata de “una simple y trágica verdad”. Todo lo demás es bastardeo interpretativo. Con respecto a lo de “destreza lógica”, me remito a lo que dice Sontag más arriba)

En otros poemas de esta colección, esta negativa se convierte en una forma de fijación, semejante a la melancolía, como descrita por Freud.

(4) (Bollig atribuye la melancolía de Gelman a un impolíticamente correcto (para Bollig) apego a su proyecto militante. El interpretador parece ignorar libros anteriores de Gelman (Velorio del solo, Violín y otras cuestiones, etc.) que son prueba suficiente del carácter constituyente que tiene la melancolía en la vida y obra de Gelman, porteño y tanguero, melancólico de ley)

Otra vez sopa froide: sí, ésa es la misma negativa que sostiene la lucha de Madres (y Padres) y Abuelas de Plaza de Mayo. Pero usted, Bollig parece esforzarse (muy poco poéticamente) en asimilar este duelo a una patología estudiada por Freud.

no quiero otra noticia sino vos/
cualquier otra es migajita donde
se muere de hambre la memoria/ cava
para seguir buscándote/ se vuelve

loca de oscuridad/ [...](64)

El aislamiento físico del exilio acentúa la falta de información sobre el destino de los que habían sido secuestrados. El resultado del estado intermedio en que se hallan estas víctimas es una interrupción en el funcionamiento del duelo. Según Gundermann, la melancolía es una de las características de la época pos-golpe; Gundermann caracteriza a los melancólicos por su “identificación con un objeto perdido [...] y la recalcitrante negación del sujeto melancólico de aceptar que este objeto se haya perdido,” (2007: 12). En su ensayo, “Duelo y melancolía,” Freud nota una diferencia clave entre las dos condiciones: en el duelo, es el mundo lo que pierde interés para el paciente, pero en la melancholia es el ego que sufre este menosprecio, es decir, la sensación de pérdida se incorpora dentro de su experiencia de sí mismo; la melancolía está caracterizada por elementos del duelo, y elementos del extremo narcisismo (Freud 2005: 210). Según Robben, en contraste, el duelo y la melancolía no son objetos distintos sino puntos en una escala; por ende, emplea Robben un tercer término, quizás más apto para Gelman: el duelo crónico. A primera vista sería la pérdida de su hijo que motiva sus esfuerzos, como indica el neologismo “deshijar” (1980b: 54), pero hay otro elemento, que resulta tan clave como esta falta.


afligido de vos/ toda un pueblo
anda pidiendo verte/ entendimiento
que pierde sangre como vos/ de vos/
voluntad que no mira tu mirada (61)

Gelman generaliza la pérdida de su hijo, mientras habla de y por una tercera persona, el pueblo, pueblo que Gelman poetiza de forma típica en su obra con el “error” gramático de feminizarlo con el pronombre “toda” (5b). Esta representación, una forma de ventrílocuo de los deseos y objetivos del pueblo, repite uno de los trucos discursivos más típicos de los montoneros (6). El exilio de Gelman, representado en sus poemas, demuestra la clara continuación de una poética montonera, es decir, una construcción poética que emplea los elementos clave del discurso del proyecto montonero: pueblo, patria, Perón; y es la pérdida de este proyecto que en gran parte motiva el duelo crónico en su obra.

5a. (Estos párrafos no tienen desperdicio: además de asestar oblicuamente a Gelman una serie de frases y palabrejas basadas en el prestigio de la Ciencia (Freud, Gundermann): “recalcitrante”, “ego”, “menosprecio”, “crónico”, “extremo narcisimo” (los poetas sabemos como contaminar oblicuamente, Bollig, pero lo hacemos por razones diametralmente opuestas a las suyas)

5b. (Esteeee… sí, Mr. Bollig: sucede que treinta mil desaparecidos dan suficiente sustento a esta “generalización”)

6. (Qué párrafo hijo de puta. Aquí, justamente aquí, es en donde Bollig deja al desnudo el notable parecido de su metodología con la de los servicios de inteligencia: esos que escrutaban (interpretaban) cada papel, cada escrito en busca de “ideas ideológicas”. Es imposible no acordarse de aquel ¿chiste? acerca del militar que censuró el libro “La cuba electrolítica”.

Aquí se acusa a Gelman de “ventrílocuo”. O sea: Gelman es Chassman. El pueblo es Chirolita. Así, el fragmento de poema citado se convierte en un arterísimo y subversivísimo vehículo para contrabandear las ideas de Gelman, tan contrarias al modo de vida occidental y crispado (de Bollig)

Y como si esto fuera poco: no es el dolor de Gelman en tanto padre y abuelo lo que motiva el “duelo crónico de su obra”. No, no, no: sino” la pérdida del proyecto montonero: pueblo, patria, Perón”. Deberíamos rebuscar mucho en viejos ejemplares de la revista “Cabildo” para encontrar otra perla maccartysta de estos kilates.

Es importante subrayar el papel justificador que cumple el pueblo:

hablando de estas ceremonias:
el pueblo hace la Revolución
con pies lentos el pueblo
ángel de tierra ángel de luz (1980a: 29 [1973])

Sin el pueblo, el proyecto político no sería la Revolución. Este empleo del pueblo como vínculo entre la dirección montonera y el movimiento peronista es típico del discurso montonero en sus intentos de justificar el papel de liderazgo que este grupo se había otorgado en los años 1970.
Se ve la importancia de la patria, el segundo elemento, en otro poema de los 70. (7)

7. (No me simpatizan los montoneros por esas mismas razones. Pero la sobreinterpretación de ese poema se acerca a la ridiculez.)

el sol brilla sobre la patria
el sol ilumina la patria
el sol calienta la patria
los compañeros mueren por la patria (1980a: 82 [1978])

En este caso, el sacrificio de los compañeros se inscribe dentro de una serie de intercambios naturales con la patria. Como resumen Sigal y Verón, “el peronismo se constituyó como discurso político a través de la instauración de una gigantesca metáfora entre el movimiento peronista y la Nación democrática, es decir entre los peronistas y los argentinos, entre Perón y la Patria” (1986: 241). Varios estudiosos han examinado las dificultades de la relación entre Perón y los montoneros. Tanto la idea de una conducción compartida entre el MPM y Perón, como la noción del “pueblo montonero” tal como la encontramos en la obra de Gelman, eran en cierta forma invenciones ideológicas de los montoneros. Como señala Daniel James, los grupos peronistas de clase media o intelectuales dieron por sentado que la clase obrera era revolucionaria en esencia y que Perón era un líder revolucionario (1988: 241). Una mitología que juntaba a un pueblo revolucionario con un Perón casi guevarista dejaba sin responder una serie de preguntas analíticas: ¿quiénes eran los que formaban parte del pueblo? Y ¿cuáles eran los motivos del líder? (261). Según Gelman, en una entrevista de los años 80, era fácil saber: “el pueblo es Peronista” (en Mero 1987: 62). A fines de los 70, los dos principios clave del grupo, su vínculo con las masas, y la primacía de lo militar, supusieron un conflicto práctico; las tácticas de los montoneros los pusieron también en conflicto con los obreros, ya que estos fueron los primeros que sufrieron las consecuencias de acciones montoneras en forma de represalias por parte de las fuerzas de seguridad. Por estos motivos, a fines de los 70, cualquier base obrera que había tenido el MPM quedaba destruida. Como Gelman admite,
los Montoneros cometieron gravísimos errores –que terminaron aislándolos de la masa peronista –en su enfrentamiento con Perón [...P]ero el que empezó el enfrentamiento fue Perón. (en Mero 1987: 40).

Según Sigal y Verón, el problema principal era el desfase entre la izquierda Peronista y el líder (1986: 237). Mientras los sectores de izquierda se nombraron como voz auténtica del pueblo, el pueblo nombró a Perón electoralmente como su vocero (219); cuando en 1974 Perón expulsó a los sectores de izquierda, estos sectores, que se prometían fieles al pueblo, se encontraban discursiva y estratégicamente atrapados: “afirmar en 1974 que Perón ya no representaba a las masas significaría volver al ostracismo, restablecer distancia entre élite y base, una base que distaba mucho de ser montonera” (223). Cualquier retirada por parte de los montoneros del Peronismo habría señalado el fin de cualquier reclamo sobre su relación con el pueblo o con el mismo Perón (219) (8)

8. (Es realmente notable la cantidad de certezas que puede extraer Bollig de apenas cuatro versos. Resuelve en pocas líneas, con la ingente ayuda de Sigal y Verón, una situación complejísima que aún nos tiene perplejos a los argentinos. Pero el problema, aquí, no es la tragedia de los 70, sino la insistencia en aplicar herramientas provenientes de las ciencias sociales a la lectura de poesía. Este dislate permite a Bollig asumir, sin ponerse colorado, que los miles de torturados y asesinados “se inscribe(n) dentro de una serie de intercambios naturales con la patria”. Es decir, acusa, otra vez, al montonero Gelman de usar la poesía para contrabandear ideología y programas políticos.)

La obra reciente

Es productivo ahora examinar algunos ejemplos de la más reciente producción poética de Gelman. La colección País que fue será (2004) empieza con una cita de Guillaume de Poitiers: “El Paraíso Perdido nunca estuvo atrás. / Quedó adelante”(2004: 7). Es mi opinión que la idea de un proyecto futuro del pasado motiva muchos poemas de esta colección; en cierta forma, la colección trabaja con la reaparición de fantasmas del pasado que indican un posible futuro, en una forma de “hauntología” (hantologie), para emplear el término de Derrida (9).

9. (Otro rasgo típico: la invocación de nombres prestigiosos para validar una burrada. Una burrada absolutamente reaccionaria, además, Derrida o no Derrida. El corte de la historia que pretenden estos enanos que no llegan ni a fascistas fue una de las operaciones más absurdas del pensamiento accidental y crispado. Lo que Ud. nunca podrá entender, Mr. Bollig, es que los fantasmas de Gelman están mucho más vivitos y coleando que usted y que Derrida, I fear… Marx es ahora puro hueso, cierto, pero hueso imposible de roer por semejantes desdentados)

El poema es un sitio que prepara la posibilidad de la vuelta de figuras del pasado, en particular su hijo. Lo perdido tiene, en el poema, un espacio donde reaparecer. El poema “Jenin”, con un título que alude a la “batalla” entre el ejército Israelí y militantes palestinos en 2002 intenta investigar la relación entre memoria y política contemporánea:

La desmemoria saca monstruos
al sol. [...]
Hay asesinos
y aplausos para los asesinos.
Caigo en los huecos
del alarido, vienen
pesadillas de un país distante.
Son pesadillas de mí mismo.
Me matan muchas veces
junto a tu piel suave.
Se deshija la noche, suenan
disparos, hunden
las naves que surcan el ojo
para irse de antiguas bestias. (2004: 57)

El poema traza un vínculo entre violencias que ocurren en otro país o lugar y la experiencia personal del dolor y preocupación: las noticias de actos de violencia en otro país repiten una experiencia traumática previa: las pesadillas del país distante son, textualmente, “pesadillas de mí mismo”. Estos traumas existen como parte de una serie de relaciones individuales, en este caso con un “tú”; el verbo “deshijar” reaparece, y vemos como las noticias foráneas se inscriben dentro de la experiencia de Gelman de la pérdida de su hijo. Esto nos obliga a repensar el primer verso: “desmemoria” no sería solamente la falta de memoria sobre los efectos de la guerra, sino además una más extensa falta de memoria sobre la experiencia argentina, es decir, se inscriben las injusticias en Palestina al lado de las argentinas de la última dictadura; de este modo, la lucha de Gelman se mantiene vigente hoy en día y dentro del contexto político mundial. (9)

10. (Esto es asombroso. Es evidente que la “destreza lógica” de Mr. Bollig es lastimosamente inútil para ni siquiera acercarse al poema. La palabra “compasión” no debe figurar en su diccionario. Para Mr. Bollig todo se reduce a una astucia gelmaniana para convertirnos a todos en montoneros. No puede entender que Gelman, el Gelman que escribió “Zapatitos” se duela con el dolor de esos sucios palestinos. No, no, no: utiliza a los sucios palestinos para mentirnos acerca de que la lucha argentina sigue vigente.

En el fondo envidio a Bollig. Debe ser cómodo no sentir ni pensar: “Mi voluntad se ha muerto una noche de luna/ en la que era fácil no sentir ni pensar”. Manuel Machado. Deberías leerlo, Ben.)


Vale la pena en este punto examinar las semejanzas entre estos poemas y obras de la época militante de Gelman; en varios poemas de la colección Si dulcemente, vemos la muerte de los compañeros montoneros como momento fundador de una nueva etapa en la lucha armada: (11)

bajo tierra en la tierra
que sí los recibió / incendios
que apagó el odio militar y / hijitos
empújennos al triunfo (1980b [1979]: 16)

11. (Bollig, no se deje llevar tanto por los manuales del Pentágono: Gelman no está volviendo a propiciar uno, dos, tres Vietnam. Solamente quiere decir que la lucha continúa, como sea. Bueno, para usted no continúa de ninguna manera. Lo entiendo, pobrecito.)

En este caso es importante señalar el empleo del sustantivo “hijitos” para describir a los compañeros muertos; por un lado, ya que algunos compañeros de Gelman –su hijo, su nuera- pueden ser nombrados precisamente con este término; por el otro, de nuevo se inscribe la lucha montonera dentro de la misma red familiar; aquí, la pérdida motiva la lucha política y viceversa. Los vínculos entre muerte, exilio, memoria, y la persistencia de la lucha montonera son frecuentes en la colección. (12)

12. (Qué guacho este Gelman: maniobra para meternos gato por liebre: usa a sus hijitos (su hijo, su nuera, su nieto/a) para que nos creamos que los montoneros son de nuestra familia. Qué frío eres, Gelman, piensa Bollig: ante todo tu fucking proyecto montonero)

A pesar de sus fracasos y muertes, los compañeros sobreviven en la memoria y en el poema de Gelman:

[...]
de claridad vestida/nada piden
para sí/van desnudos/sangran mundo/
callan de penas admirablemente/
esperan que empecemos otra vez. (101 [1980])

El empleo del subjuntivo es importante: en este caso, el subjuntivo (12) es del presente; la posibilidad del pasado es, ahora, el futuro del presente, en casi la misma forma que vimos en el título de País que fue será: la posibilidad, nunca cumplida, del pasado (y, de cierta forma, la negación del orden actual) (13). En este caso, con referencias a “la batalla” y “prisión”, se hace explícita la referencia a la lucha armada.

12. (¿Qué subjuntivo?)

13. (De cierta forma. Sí, Mr. Bollig. De cierta forma Gelman niega el orden actual. Le recomiendo que lea sus artículos en Página 12. Y que tome Buscapina.)


Con estos poemas podríamos trazar un diagrama cronológico: lucha – errores – muerte – memoria – lucha (bis). Los tres últimos elementos de esta secuencia reaparecen en la última poesía de Gelman, como en este ejemplo, “Cortesías”

¿Dónde callás, memoria?/¿dónde
te acordás de vos misma/
acechando al verdugo para
matarlo como él te mató? (2007: 108)

El poema emplea un importante paralelismo entre la memoria y la muerte del hijo de Gelman (14); el empleo del término “verdugo” es clave, ya que en los últimos años la palabra se ha vuelto casi sinónimo entre la izquierda argentina de un miembro de los comandos militares (15). Si el verdugo mató a la memoria, en un crimen parecido al cometido contra el hijo de Gelman, la memoria ofrece la posibilidad de una justicia extra-judicial en la revancha de la memoria. (16)

14. (“El poema emplea”… Maravilloso ejemplo de la ideología subyacente de Mr. Bollig. Para él todo es “empleable”. Hasta la muerte de un hijo.)

15. (“Entre la izquierda argentina”. Los verdugos de treinta mil personas son “verdugos” solamente para la “izquierda argentina”. Caramba, Bollig, yo pensaba que se trataba de crímenes de lesa humanidad. Y la palabra “humanidad” nos incluye a todos: víctimas, verdugos, ingleses, argentinos, palestinos. Hasta lo incluye a usted, Bollig)

16. (Ajá. Gelman busca revancha extra-judicial.)

En otro poema de esta secuencia, vemos la importancia de la memoria para el proyecto de Gelman (17)

17. (Para Bollig, el proyecto de Gelman incluye la muerte de hijo, nuera, la posible de nieto/a, el exilio y todos sus libros)

El pasado vuelve cuando
desaparece. Vacíos que lloran
en sus países [...]
Se hinchan los ojos con
las cobardías de este tiempo,
sentadas
en sillas de su olvido. (63)

La primera oración podría ser un comentario sobre Freud -es un caso parecido a las observaciones de Gundermann que vimos arriba- pero otra vez se traza una línea entre los males contemporáneos y la falta de memoria del pasado. Es imposible leer el verbo “desaparece” sin pensar en lo que implica este poema para la situación argentina. Como indica Edmundo Gómez Mango, en la obra de Gelman se encuentra “un movimiento de presentificación de lo desaparecido, su verbo poético es acontecimiento presente de lo que ha sido, en el pasado vivo o en el anhelo que nunca se ha cumplido” (2004: 66). Gelman quiere demostrar, primero, que una falta de memoria nos conduce a repetir los desastres del pasado (18); segundo, que aun en el exilio el poeta tiene que mantener una relación estrecha con sus antiguos compañeros y con lo que ha perdido; y, finalmente, que el proyecto a que prestó sus fuerzas en el pasado sigue vigente hoy en día. (19)

18. (Bueno, Mr. Bollig, humildemente pienso que Gelman no quiere demostrar justamente eso. Es más, pienso que no solamente no quiere, sino que no lo necesita. Y no lo necesita porque esa idea ya tomó categoría de axioma casi universal cuando su compatriota Winston Churchill repitió la frase de Jorge Santayana: “Aquellos que no pueden aprender de su pasado están condenados a repetirlo”. Huelga decir que esta frase fue repetida hasta el cansancio por un tal Perogrullo. Raro que no lo conozca, Mr. Bollig. Pero ya no encuentro rara su manera de entender a Gelman: una mirada más seducida por los resplandores de la taxidermia que por los tal vez modestos misterios de la poesía.

Pero no me engaña: este reduccionismo utilitario, esta banalización del lenguaje poético, no es más que otra faceta de las operaciones que Bollig está llevando a cabo con un fin que devela, como corresponde, en el párrafo final.

19. (Caramba con estos poetas sudacas que no leyeron a Francis Fukuyama. Sí, para Gelman y para muchos, muchísimos sudacas, tanto la poesía como la revolución son tareas vigentes, Mr. Bollig)


En conclusión, señalaría que la tensión que mueve la poesía de Gelman es entre Gelman como poeta, y Gelman como militante (todavía) que escribe poesía, y cuya poesía era, es, y seguirá siendo, parte de un proyecto de lucha peronista contra el capitalismo hegemónico; por ende su cierto conservadurismo político y estético para mantener viva esta lucha dentro del contexto actual. En el contexto de la polémica de La intemperie demuestra también un conflicto clave: para seguir el argumento de Julian Bourg sobre los vínculos entre el mayo francés y la filosofía, hace evidente que el giro “ético” o “levinasiano” tiene sus raíces en los propios movimientos armados de los 60; Gelman es un recuerdo de los comienzos violentos de esta rebelión contra nomos o ley. (20)

20. (Gelman, a pesar suyo, Mr. Bollig, no es un recuerdo. Es un poeta vivo, un periodista lúcido, un ejemplo para millones, un padre casi muerto de dolor, un abuelo que luchó y luchó y al final recuperó a su nieta, en fin, un hombre, y un poeta que usted no está en condiciones de entender)

1 comentario:

Anónimo dijo...

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